Las 4:38
“La arena entre sus dedos siempre estaba en sus sueños”, me dijo su esposo 17 años después de ese sombrío jueves.
El día en que se iba a suicidar, Mercedes Velarde se levantó a las 4:38 de la madrugada para esperar el vuelo en el que llegaba su esposo.
Había soñado que corría hacia el mar en una playa desierta donde la brisa que chocaba contra su piel parecía agujas que la atravesaban, al despertar deseo nunca haberlo hecho.

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